Está rota

I

Buscaba equilibrio entre los vientos intrépidos de la mañana. Las calles desoladas y las perennes voces de comerciantes recibían mis pasos. Caminando por la plaza Bolívar, apareció una advertencia con olor a humo y voz gruesa: “Hija, no ande sola por aquí, no sabe quién la puede encontrar en la plaza.”

 Me abrigué entonces en la plaza del frente, la plaza La Justicia.

II

De repente los vi. Eran como mis amigos. El fastidio les inundaba el rostro. Se apoyaban en sus escudos y revisaban sus celulares. Fue un cuadro semejante a los universitarios impacientes a la llegada de un profesor.

Es que quienes ellos esperaban, al parecer, también llegarían tarde.

III

A las nueve apareció y aquella bruma se extinguió por unos instantes. La plaza se pintó de escarcha amarilla; era la naturaleza con su indudable manera de gritar que era la única en resistencia.

De pronto, un niño corrió frente a los verdes. Su sonrisa inocente atravesó el campo de batalla. Su padre, a su lado, aligeraba sus pasos para competir con el pequeño. Otros resistentes.

Los verdes lucían jóvenes, me pregunté si alguno tendría hijos y quisiera estar allí corriendo con ellos.  Pero no, ellos no estaban allí para recordar a su familia. Ellos estaban allí para otra cosa.

IV

No llegaron mas niños. Llegaron más verdes. Poco después, ya no eran verdes, ahora eran más como las mujeres de mi pueblo.

La alquimia social dio inicio gracias a un bambinero. Logró que ellas olvidaran el “deber” para deleitarse. Recordé a las doñas en los buses que compran desesperadas aquel dulce sabor al ardor del mediodía.

V

El niño de cabellos largos y rasgos del Amazonas se quedó mirando las palabras escritas con tiza en las columnas de la plaza. Como el instinto de cualquier niño, pasó sus manos sobre ellas. Las dejó borrosas. Vaya fragilidad.

Desapareció luego de cruzar la calle, dar tres golpes a una vieja ventana de madera,  y entrar a la casa mientras el saquito de azúcar se dejaba ver recostado en su espalda.

VI

Me senté en la plaza La Justicia a escribir. La bandera estaba rota y tengo ganas de llorar.

 

Este texto fue escrito el 06 de mayo de 2017. Haz clic en estos links para saber qué ocurría en mi país y mi ciudad.

 

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