I Ruta Crepuscularia

     Relato personal de la I Ruta Crepuscularia -recurrido que celebró a los poetas Orlando Pichardo, Álvaro Montero y Jesús Barrios- 

Solo escribe. Escribe lo que sea, pero que salga de tu pensamiento.
Jesús Enrique Barrios

      Es viernes. Cae un poco de lluvia. El autobus espera en la plaza. Cuando llegan todos, arranca. No sé dónde quedan las casas, pero voy. Estamos en un transporte universitario. Pero no solo hay estudiantes aquí. Atravesamos la ciudad, y llegamos a la primera casa.

  Esta es la última casa donde Magda compartió con el poeta Orlando Pichardo. Ya lac asa nos recibía con poesía: “te voy a escribir un bolero, para que sepas que te amo. Un bolero que nace en tu piel y se enardece en la mía”, un poema impreso en un pendón guindado al lado de la puerta principal. Es lo primero que ves antes de entrar.

  Nos sentamos cual niños; algunos en el sofá, otros en el piso. Todos atentos a Magda. Poemas iban y venían. Magda también contó relatos personales de su matrimonio, pedidos por Xiomary Urbáez -profesora universitaria y escritora- y su interes hacia la vida de la mujer del poeta. De esos cuentos atesoré esta frase:

No hay que luchar por amor, y menos si hay poesía. 

    Duramos poco, porque faltaban dos casas más. Al salir, estaban el cuatrista Narciso Díaz y el cellista Jesús Vásquez. Tocaron música larense y algunas composiciones propias. Seguimos el recorrido hasta la segunda casa.

    La casa de Alvaro montero regala aromas florales al entrar. Recordaban proyectos en pro de la cultura por medio de la autogestión. Nos hizo darnos cuenta a los jóvenes que no somos pioneros: somos los siguientes. Magda nos acompañó y cantó boleros junto a Narciso Díaz. Había pinturas colgadas en la pared, tejidos de macramé y perfume a humedad porque comenzó a llover. Había memorias vívidas que corrían entre nosotros, y en ese día nacieron más.

Debíamos seguir, nos mojamos un poco con la lluvia, y nos montamos en el autobus. Llegamos luego a casa del poeta Jesús Barrios. 

-No sé quién trajo la lluvia, pero llegó. No se trata ni de bien, ni de mal. De no ir, ni llegar, sino estar siempre aquí.

   Con esas palabras nos recibió el poeta Jesús Barrios. Había aroma a incienso. No sé por qué, pero decidí registrar la mayor cantidad de frases y pensamientos del poeta. Estas son las que logré escribir:

Este encuentro no se trata  de nosotros, sino de otros. Se trata de rendirte homenaje a la poesía, de hacer algo con ella como nuestros antecesores.

Todos los días salimos a cualquier parte, al baño, a la cocina, a la calle; siempre saliendo. Porque parece que nos vamos a rastrear a otras partes. Y es porque estamos en todas partes y en ninguna. Ahí viene la convivencia; buscarse en todos los demás, registrar al otro ser para ver como se pesca del otro. Ha de estar uno atento al montón de cosas que están al rededor. 

La poesía, la gran desconocida, sirve para decir cualquier cosa. Pero la prosa no es igual a poesía, y la poesía no es igual a poesía. La poesía es misteriosa, no dice por decir. Ni es limpia, ni es sucia, ni está, ni es. 

Todos intentamos escribir, andamos detrás de la poesía, rasgándola para que nos de alguito. Más siempre hay un poeta  que es perseguido por ella para que la dignifique. 

Cuando comencé a hacer uso de razón, dejé de usarla.

El que se va para el campo no busca la soledad. Más el que va para Nueva York sí la consigue, porque no hay nada. 

Yo no sé nada, yo opino.

Yo vivo de eso, de mis errores. 

   En tanto, los ojos de Gerardo González eran como un gran angular; capturó el momento con sus trazos, dibujó historias. Aún no entiendo como ve, escucha y siente al mismo tiempo. Grande.

Luego llegó lo sublime.

    La improvisación de la improvisación. El baile de Isabel Barrios que nos transportó junto a la armonía de un cuatro, un cello y un par de maracas. El baile de un mar que salta, una conexión de almas encontradas. Las ondas viajaban del cosmos hasta allí. Y en el silencio desconocido, se impregnó de su esencia el corazón.

    La lluvia, los aromas de cada casa, el calor de la gente, los matrimonios, el casi casi, la bola viajera, la sentencia de cada poeta en sus finales, la nada; todo hizo que fuese mágico el convivir. Me encontré en cada uno, en cada espacio, en cada historia.

    Un 24 de marzo, gracias a una ruta estudiantil, se vivió a Barquisimeto en las palabras de sus poetas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s