Esta no soy yo, pero se acerca

 

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Fotografía: Sebastian Ovalles @sebasovalles

 

 Hace tres años, comencé a preguntarme qué haría con mi carrera. Qué haría con el título de Comunicación Social que tendré. Porque si no pensaba al respecto, no me iba a llevar a ningún lado. Debía encontrar algo dentro de mi profesión que me apasionara. Y eso es escribir. Decidí que esa sería mi meta: trabajar escribiendo.

   Con un currículum casi inexistente, decidí participar voluntariamente en grupos que me ayudaran a entender la ciudad. Conocer lo que sucedía y así poder escribir sobre ello. Fueron los dos años más increíbles de mi adolescencia. Anduve mucho y conocí mucho.  Pero tuve que alejarme. Debía analizar todo lo que había aprendido. Y, como cualquier pintor, ver de lejos la obra para ver cómo va y ver si hay algo que arreglar.

    Ahora estoy en el proceso de convertirme en adulta. Esa niña que andaba sin rumbo en la ciudad ya no existe. Y por más que la gente vea solo mi lado delicado y dulce, también soy una mujer ambiciosa y tenaz.

   Una mujer que se atrevió a hacer un texto con un estilo periodístico diferente y compartirlo a medios regionales y ver qué sucedía. Logré que lo publicaran en uno, en El Impulso online. Ese mismo texto me valió el trabajo que tengo ahora en una revista regional: la revista Estancia, del diario El Informador.

   Sentí esperanzas. Sentí que a pesar de no haber trabajado en un medio antes, si trabajaba duro, estudiaba mucho y me comprometía a mi oficio, lo iba a lograr.

   Quiero trabajar como periodista, en proyectos y medios de comunicación que les interese el periodismo literario. Me gusta “adentrarme en situaciones ajenas, con el propósito de experimentar vivencias e interactuar con el entorno”. Es decir, me gusta el periodismo de inmersión que definen A. López Hidalgo y M.A. Fernández Barrero.

     Me gusta tomar tiempo para afrontar la investigación y la redacción. Siento que es la única forma de obtener textos únicos. 

¿Podemos trabajar juntos?