Está rota

I

Buscaba equilibrio entre los vientos intrépidos de la mañana. Las calles desoladas y las perennes voces de comerciantes recibían mis pasos. Caminando por la plaza Bolívar, apareció una advertencia con olor a humo y voz gruesa: “Hija, no ande sola por aquí, no sabe quién la puede encontrar en la plaza.”

 Me abrigué entonces en la plaza del frente, la plaza La Justicia. Seguir leyendo “Está rota”